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jueves, 19 de febrero de 2015

Teatro como práctica para la libertad.

Por el espacio de cultura de Patria Grande.

En septiembre de 2006, abre sus puertas el Centro Cultural América Libre. Un monólogo teatral acompaña esa inauguración: “El Hincha de Racing”, de Norman Briski. Una producción del Centro Cultural El Séptimo Fuego. A lo largo de estos 8 años de desarrollo del proyecto político cultural América Libre, hemos contado con el teatro como una de las herramientas que consideramos necesarias para construcción del mismo. Hoy, con producciones propias para el Ciclo Teatro por la Identidad, con múltiples talleres, jornadas, intervenciones y dos salas teatrales, América Libre y el teatro se hermanan más que nunca en esta idea–acción de que el mundo puede y debe ser transformado.
Entendemos al teatro como producción, como espacio a experimentar, como análisis crítico a realizar, como idea a transmitir, como juego a jugar. Como práctica para la libertad. Este indisoluble y estrecho vínculo entre el América Libre y el teatro tiene como base la idea de acción. Sostenemos que hay en este lenguaje inmenso y mágico un enorme potencial para accionar hacia la transformación cultural. El teatro es ACCIÓN. Y puede ser acción transformadora si nos lo proponemos.
Hay un teatro que se relaciona con los márgenes. Nuestro teatro está en el margen y se encuentra con otros márgenes para lograr llegar al centro de la página a dibujar nuestra historia, a contar con nuestros cuerpos lo que ya no sale de nuestras bocas. Somos hijos del teatro independiente, ese teatro que se gesta y produce a pulmón. Queremos sembrar algo, por eso nuestra motivación es compartir con quienes más se pueda nuestro arte.
No trabajamos por dinero. El dinero no tiene como calcular nuestra entrega, nuestra voluntad de decir cosas, de conmover y conmovernos, de buscar algún momento de emoción y reflexión común. Buscamos desarrollar nuevos valores, alternativos a los que nos propone la sociedad de consumo que busca mercantilizar la vida, y con ella el arte y la cultura.
El teatro no es una mercancía. Peleamos por un mundo en el que nadie tenga que pagar por el arte, ni por producirlo, ni por disfrutarlo. El teatro es un arma disparada contra la indiferencia, la deshumanización de las personas, el adormecimiento colectivo. Por eso, creemos que “Es posible que el teatro no cambie el mundo: pero puede ayudar a mantenerlo despierto”.

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